LA FIESTA DE LOS DIABLOS

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Las autoridades invitan a ser parte de la Diablada de Píllaro a los turistas nacionales y extranjeros

El diablo es el personaje imprescindible de las celebraciones populares

El nombre de diablo, por estas tierras, se conoció en el proceso de la conquista española con el fin de sembrar  en la cultura indígena temor,  por honrar a sus dioses de la naturaleza como el Sol, la Luna y la Pachamama (Madre Tierra), que a decir de los conquistadores eran celebraciones paganas.

Con el paso de los siglos este nombre  se mantuvo ligado al mal, es decir a la connotación que la religión católica  daba a este personaje y que fue implantado por  los españoles. Sin embargo, en la actualidad, este ser para nuestras culturas andinas es el que conecta el cosmos con la vida terrenal (chakana). Es el ser que acumula buena energía y ahuyenta a los demonios que rondan las cosechas, se le conoce como Diablo Huma, personaje principal de la celebración del Inti Raymi (fiesta en homenaje al Sol) y otras fiestas populares.

Aparte del Diablo Huma,  existen otros diablos, cada uno de ellos con su propia historia y diferente simbolismo,  como los Diablos de Hojalata de Riobamba, provincia de Chimborazo que bailan en los Pases del Niño; los diablos de Píllaro, provincia de Tungurahua que danzan los primeros  seis días de enero; los diablos de Alangasí, provincia de Pichincha que aparecen en Semana Santa; los Mijigos de Juján, provincia de Guayas que celebran las fiestas de su patrono San Agustín en agosto; los diablos de Huma Zapas de la provincia de Imbabura;  la Diablada de Esmeraldas en la provincia del mismo nombre; todos  ellos representan la rebeldía y resistencia a una religión impuesta por los conquistadores.

Añadiría que la representación del diablo está presente en casi todas las fiestas populares de otros lugares de América Latina, por ejemplo: la Diablada más famosa de la región es la de   Oruro, ciudad  boliviana, misma que es considerada la cuna de esta expresión cultural; la Diablada de Iquique en Chile;  la de Yare en Venezuela y en Puno- Perú, cada una de estas celebraciones con diferente identidad.

Diablada Pillareña

El diablo es el personaje principal de las fiestas populares de Ecuador

Definitivamente, una de las diabladas más sonadas, en nuestro país, es  la de Píllaro, provincia de Tungurahua, considerado  uno de los atractivos culturales más emblemáticos, cuyos festejos  van desde el 1 al 6 de enero.

Cuando decidí asistir a la primera fiesta popular del año,  me revestí  de entusiasmo e interés. Viajé a Píllaro, ciudad ubicada  a 20 minutos de Ambato.

Durante el viaje, lo primero que saltó a  mi  memoria fueron  los sonidos y  ritmos  de las bandas de pueblo; prácticamente, el alma de una fiesta popular que al son de albazos, pasacalles, sanjuanitos, pasillos, tonadas, yaravíes, provocan   desde la suprema  alegría hasta   grandes nostalgias a  quienes la  escuchan.

La  mayoría de  los pueblos de Ecuador tiene su banda conformada por músicos aficionados del lugar que, en un momento dado, dejan sus instrumentos de labranza u otras labores para encender la chispa de la alegría de su pueblo o arrancar lágrimas.

Ellas acompañan a los difuntos y sus familias en el camino a la eterna morada. Están presentes  en los momentos más relevantes de la vida de un pueblo. Simplemente porque la música está íntimamente ligada, individual y colectivamente,  a la existencia del ser humano. La existencia  de las bandas de pueblo es una costumbre muy arraigada; realmente, son parte de las expresiones culturales populares que brota de sus entrañas.

En el trayecto a Píllaro, además, rememoré las vestimentas que lucen los diablos de Píllaro: ropa multicolor en la que predomina el rojo y el negro;  elaborada en tela espejo o satín  adornada de flecos. Zapatillas de color negro, medias de color carne, pantalón corto. Algunos lucen capas con mensajes alusivos al demonio o a Lucifer. En una de sus manos llevan el acial o fuete y en la otra animales vivos o disecados.

Y desde luego, el  atractivo principal: las máscaras alusivas al diablo, que son obras de laboriosos artesanos  del  lugar. En su elaboración artesanal se demoran meses, a éstas se les adorna con cuernos de toros u otros animales y  se les inserta dientes de chivos, venados, corderos, toros, etc.

La máscara es elaborada con varias capas de papel, empapadas de engrudo o cola blanca que se las coloca sobre un molde de yeso, cemento o cangagua. En la parte superior de la máscara se coloca  una coronilla de cartón, otros llevan pelucas  hechas con pelaje de animales, cabuya o paja plástica.

Asimismo, en el trayecto iba evocando las diversas versiones que acompañan al significado de esta fiesta: la históricas resaltan la rebeldía del mundo indígena ante la opresión de la religión. Muchos historiadores afirman que esta diablada recrea el levantamiento indígena ocurrido en Píllaro y Pelileo, en 1768, encabezado por Julián Tubón, cacique de Guambaló y su gente disfrazada de diablos, esto lo  refiere la obra Diablada Pillareña, 2006, de Pedro Reino.

A esta versión se suma aquella que describe otro historiador Luis Lara: “los indígenas se disfrazaban de diablos el 1 de enero para protestar contra los abusos de los españoles y que tuvo un momento crítico en 1898”.

También, se especula que en el siglo XVI el diablo se “aparecía” en Píllaro, por lo que en recordación de este episodio sus habitantes se disfrazaban de diablos. Agregan,  que este suceso nació por la rivalidad entre los caseríos Marcos Espinel y Tunguipamba, los primeros cortejaban a las mujeres del sector y los varones celosos usaban máscaras de diablos para asustarlos y ahuyentarlos.

De hecho, la  fiesta discurre con  bailes continuos de los  “diablos” y otros personajes, durante 8 horas diarias, desde el 1 al 6  de enero. Cada diablada  parte desde los diversos caseríos que rodean la ciudad hasta sus calles céntricas, a esto grupos se los llama “partidas”. Éstas se esmeran en hacer un buen papel y arrancar el mayor número de aplausos a los turistas nacionales y extranjeros que los asedian para fotografiarlos.

Para intervenir en el desfile no hay prohibiciones  de ninguna naturaleza, cualquier persona puede disfrazarse de cabecilla (el que dirige la diablada), de diablo, de guaricha (hombre o mujer vestidos con camisón de dormir), de capariche (barrendero que con  una escoba de hierbas va limpiando las calles) y los danzantes de línea, parejas que al son de la música de la banda de pueblo bailan entre ellos y con el público.

Cuando llegué a Píllaro  constaté  que  la gente en del lugar estaba completamente “encendida”, es decir entregada a  la “causa”: personas dedicadas a la venta de comidas típicas: fritada (carne de cerdo frita), hornado (carne de cerdo preparada en horno), choclos tiernos, caldo de gallina, cuyes y conejos asados, tortillas con morcilla, caldo de calavera y  empanadas de viento. Prácticamente, el aroma culinario invadía las calles.

De igual manera, por doquier había venta de artesanías que, en su mayoría, consistían en máscaras de diablos  en miniatura. Y lo más emocionante, escuché con frecuencia el himno popular de la ciudad: “Píllaro Viejo”, canción  a la que sus habitantes  aman de corazón.

No dejaré de mencionar que en el trayecto hacia Píllaro, me conmovió  el hermoso paisaje andino que desfilaba frente a mis ojos. Realmente, los  paisajes  andinos son como un vendaval de renovación que sosiega el espíritu.

El  viaje lo hice en compañía de mi familia, a quienes  les  comentaba  sobre Píllaro, cuna del general indígena Rumiñahui, (cara de piedra)  quien según la historia combatió a los españoles con rebeldía y bravura, convirtiéndose en el símbolo de la resistencia indígena en América.

Se dice que escondió los tesoros del Reino  Quito en los Llanganates, cordillera oriental cercana a Píllaro, para evitar que los españoles se apoderen. Alrededor de este episodio se han escrito innumerables leyendas que enriquecen el imaginario ecuatoriano.

Píllaro es una ciudad con aproximadamente 45.000 habitantes, fue fundada en 1570 por Antonio Clavijo. El nombre de Píllaro tiene dos voces indígenas pre quichuas Pillala que significa rayo o trueno y Aroque que significa Altar, por lo que Píllaro viene a ser el altar del dios Rayo o Trueno

Habría que añadir que en los alrededores  de Píllaro  hay otros atractivos turísticos para visitar, sobre todo, para aquellos que gustan del contacto con la naturaleza: el Parque Nacional Llanganates, un área protegida por su extensa red de lagunas. La Ruta de los Frailejones invadida por estas plantas propias del páramo. El Bosque Polylepis, lugar donde habitan los lobos de páramo, osos de anteojos, venados, tapires y otros.

La titular del ministerio de Turismo, Rosi Prado de Holguín, al invitar a los ecuatorianos a participar de esta fiesta dijo: “es una fiesta cargada de historia en la que más de 5000 diablillos recorren las principales calles de la ciudad bailando y haciendo mil travesuras a los visitantes que fácilmente se entremezclan en la algarabía”.

El alcalde de Píllaro,  Francisco Yanchapitán, de su parte, aseguró que esta fiesta se inició hace 150 años, en la época colonial y se mantiene en la actualidad como una muestra del ingenio y carisma de los participantes”.

En fin, mi verdadera intención es recordarles a mis paisanos sobre la riqueza cultural de Ecuador y hacerles saber que esta fiesta fue declarada en el 2009, PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE ECUADOR.

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Eva Rocío Villacís
periodista profesional ecuatoriana graduada en la Universidad Central de Ecuador. Tiene una amplia experiencia en Comunicación Institucional. Ahora ha incursionado en el periodismo con la misma vocación y empeño que lo hizo como Relacionadora Pública de importantes instituciones y personajes de nuestro país. Muy interesada en los acontecimientos políticos, culturales, sociales e históricos que se suceden en el día a día en Ecuador, se permite trasladar a ustedes el pensamiento, sentir y hechos de nuestro país Ecuador, para que los hermanos latinoamericanos estén oportunamente informados y motivados a para seguir adelante en la construcción de la Patria Grande.