Salud Mental Comprometida: sanando heridas y restableciendo vidas

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Grupo de profesionales de la salud, doctores, psicólogos, un acumpurista y una consejera con especialidad en consejería psicológica llegaron asistir a los refugiados de Yauco

Una vez más los boricuas le han dado cátedra de solidaridad al mundo

Nos pidieron anonimato porque no les interesa publicidad para sus esfuerzos altruistas y además para proteger la privacidad de las personas que asistieron

Fotos: Cortesía Sylvia Rosario

(San Juan, P.R.) Los temblores que han afectado el suroeste de Puerto Rico han alterado la forma de vivir de los puertorriqueños. Unas 7,500 personas están refugiadas en los campamentos gubernamentales y sobre 20,000 personas duermen a la intemperie en campamentos comunitarios improvisados. Son cuantiosas las pérdidas materiales, se estima que sobre 10,000 estructuras han sufrido daños, unas 2,000 fueron totalmente destruidas. El gobierno ha demostrado incompetencia a la hora de ayudar, pero no así el sector privado. Las caravanas llevando ayuda a los necesitados son impresionantes. Una vez más los boricuas le han dado cátedra de solidaridad al mundo.

Sin embargo, el principal problema que enfrentan los damnificados y la sociedad en general no tiene que ver con temas materiales. Los terremotos y los constantes remezones se llevaron la tranquilidad de los boricuas. La salud emocional está comprometida. La angustia y el temor se han apoderado de los puertorriqueños.

“¿Cómo podemos tener paz si tiembla todo el tiempo?”, indica Carlos Ramírez de Guánica. “Cuando menos lo esperas todo se “jamaquea” (hamaquea)”.

“Ves el terror en los ojos de tus hijos y no sabes que decirles porque uno mismo está aterrado. Es una angustia constante. La inseguridad nos agobia. La incertidumbre al mañana te corroe el alma. Tengo miedo”, añadió Ramírez.

“No tengo paz desde el temblor”, asegura María Palacios de Guánica. “No puedo dormir. Paso el día angustiada y temblorosa”.

“Mi vida no es igual. Temo por la seguridad de mi familia. Perdí mi casa, el empleo… El futuro es incierto, no sé ni cómo mantendré a mis hijos”, comentó un ojeroso Manuel Santiago de Guayanilla. “Esto es un castigo”. 

“La tierra tiembla constantemente. Estamos durmiendo al aire libre. Tenemos miedo. La vida se nos fue, ya no hay tranquilidad”, atestó Marta Pérez de Ponce, madre de cuatro.

El gobierno y organismos privados han iniciado esfuerzos para proveer apoyo emocional a los habitantes del suroeste isleño.

Compartimos con un grupo de dos psicólogos, un acumpurista y una consejera con especialidad en consejería psicológica, que el pasado sábado llegaron hasta un campo de Yauco para asistir con terapias a los afectados.

Nos pidieron anonimato porque no les interesa publicidad para sus esfuerzos altruistas y además para proteger la privacidad de las personas que asistieron. Iris, segundo nombre de la consejera, es la portavoz del grupo. El grupo trabajó con un campamento comunitario en Yauco.

“Las personas tienen miedo”, expresó Iris. “Cuando digo miedo, me refiero a miedo en todo su cuerpo. Literalmente transpiran miedo, en diferentes grados, pero está ahí, a veces latente, pero es constante”.

“La gente es muy humilde, viven en el campo. Cuando llegamos a las 10:00 de la mañana estaban recogiendo sus pertenecías, organizando sus carpas y casas de campañas. Desayunaron a las 10:30 de la mañana”.

“Fuimos caseta por caseta identificando el tipo de población. Registramos 99 personas, pero en las noches suman hasta 120. Nos contaron que una vez eran más, pero algunas familias se han mudado con familiares y cinco familias se fueron para Estados Unidos”.

“En el campamento el número de adultos mayores y el de edades productivas es más o menos equitativo. Hay varios adolescentes. Una vez el campamento contó con 23 niños, ahora quedan 15”.

“Tienen suministros, le hacen falta medicinas. El pueblo se ha desbordado en ayudas. Los médicos del país han respondido y prestan atención gratuita. La solidaridad los reconforta. Somos hermanos ayudando a hermanos. El agradecimiento se palpa”, añadió Iris.

Los damnificados condenan la falta de respuesta gubernamental.

“El gobierno nos tiene abandonados. Es el pueblo de Puerto Rico quienes nos están apoyando. Nadie del gobierno se ha personado aquí, ni el alcalde, ni sus ayudantes, ni los representantes, nadie”, aseguró Juana (nombre ficticio) el líder del campamento.

Los espacios son limitados, la organización es excelente. Juana coordina las ayudas, así como los servicios médicos, psicológicos, enfermeras y visitantes.

“El procedimiento es coordinar con ella para que los servicios se utilicen al máximo y no compita uno con otro”, comentó Iris.

En estos momentos todos los esfuerzos están dirigidos hacia el apoyo psicológico de los residentes del campamento para que puedan superar la crisis emocional y continuar con sus vidas.

La urgencia inmediata luego de la ayuda emocional es conseguir ingenieros estructurales para que evalúen las casas de los damnificados y la reubicación en viviendas.

“Un ingeniero cobra $400.00 por el servicio de inspección, pero la mayoría no tiene el dinero”, indica Iris. “Son personas muy pobres. Luego del sismo de mayor intensidad, Rescate los desalojó de sus casas y los ubicó en el parque. Solo les daban dos platos de comida al día, pero ninguna otra ayuda”.

Los residentes del campamento cocinan a diario, pero hay días en que les traen comidas como el sábado. Explicaron que son cuidadosos con los suministros. La comida del sábado consistió en tripletas y “hot dogs” en la mañana y pernil con arroz con gandules y coditos al mediodía.

El hacinamiento es un problema nos explica Iris.

“Aunque algunas carpas están bien organizadas, es una situación de vivienda infrahumana. Los colchones de aire están sobre paletas de madera para evitar mojarse cuando llueve. Las cunitas de los bebés están apretadas en las carpas. La ropa y los juguetes compiten con el espacio limitado, sin contar con la jaula de los perros, en fin un desafío vivir así”.

“Otras casetas son más grandes y el espacio es mayor. Algunos tienen una cama y solo van a dormir. Otros duermen en los autos”.

Existe delincuencia en los campamentos. “Algunos roban de otros por necesidad. Necesitan hacer guardia, aquellos que están permanentes de día y de noche”. 

Los psicólogos están preocupados por la salud emocional y física de los adultos mayores por ser uno de los grupos más vulnerables.

“Me preocupa la salud física de los adultos mayores, que se agrava con la situación emocional que sufren. Faltan medicamentos. Un médico los suple, pero tiene una sola fuente para proveerlos, su propio bolsillo”.

“El gobierno centra sus servicios en los albergues autorizados por el Estado, pero los campamentos comunitarios dependen de los donativos del pueblo puertorriqueño. Ellos prefieren quedarse cerca de sus casas, no desean estar lejos de su espacio, sus vecinos, su comunidad. Necesitan esa seguridad, esa es su sentido de pertenencia”.

El principal reclamo de los damnificados es una vivienda.

“Muchas casas sufrieron daños estructurales y deben ser demolidas. Esas casas están marcadas con una equis (X) en las paredes en señal de peligro inminente. Otras viviendas tienen riesgos parciales, pero sus dueños temen entrar porque desconocen el nivel de riesgo que toman”.

Sobre la salud emocional Iris nos dice que el cuadro clínico es grave.

“El estado anímico es de una profunda tristeza. Otros están visiblemente angustiados, ansiosos, muy ansiosos, preocupados… están en el limbo y eso es mortal”.

“Mientras estábamos allí sentimos varios temblores. La tierra no para de temblar. Todos están hipersensibles”.

“La ayudante de la líder estaba sentada bajo un “gazebo” en concreto y este se movió hacia delante y hacia atrás, cuando lo sintió se levantó y corrió unos pasos desarbolada gritando “¡Tembló! ¡Tembló!”. Le dimos apoyo emocional inmediatamente”.

“La situación apunta que es para largo y dificulto que estas personas puedan seguir viviendo bajo estas condiciones”, opinó Iris.

Las prioridades de los albergados son: inspección de sus hogares, vivienda, víveres, seguimiento médico en todas sus modalidades, servicios psicológicos.

“Un SOS, como en María la familia se está volviendo a separar. Se están mudando para Estados Unidos buscando trabajo y oportunidades. Acá lo perdieron todo”.

Sobre la personalidad de los albergados Iris nos cuenta que: “el yaucano es reservado y tímido, centrado en la persona de apoyo, la líder comunitaria. Se debe tener mucha paciencia, llagarles poco apoco y sin presiones. ¡Ventilar, ventilar, ventilar! Esa es la orden del día.

No quieren que los niños vuelvan a la escuela. Temen por la vida de sus hijos. Tienen muy presentes lo que sucedió con la escuela de Guánica. Desean “home schooling”. Preguntan quién, cómo, cuándo, dónde…

“Tristeza, mucha tristeza, aún tienen esperanza, pero es por el apoyo del pueblo, pero ¿hasta cuándo? Requieren acción inmediata”.

“Gracias Puerto Rico por que tus hijos cuidan de tus hijos…”.

Sobre la terapia empleada nos relata Iris que fue una no convencional.

“Nuestra terapia fue no convencional. Se usó el cántaro cantarino (singing bowl), acupuntura, inducción y relajación. Poco a poco se fueron acercando. Se atendían individualmente en un círculo y como unidad. Fluyeron hasta que su relajación era total”.

“El miedo estaba en todo su cuerpo. ¡Impresionante! La del pensamiento era recurrente en la angustia, pérdida, separación familiar e incertidumbre. Nosotros estábamos irradiando constantemente.  Impresionante también, más allá que las palabras y el dominio de cada uno en su área, era la conexión energética revitalizante que impartíamos en una gran sincronización”.

Los temblores afectaron a los integrantes del grupo, pero lograron mantener su armonía.

“Cuando temblaba estábamos en perfecta armonía. No teníamos miedo. Estábamos centrados en lo que fuimos hacer”.

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Félix Cruz
Félix Cruz posee una larga trayectoria como periodista en Nueva Jersey-Nueva York y Puerto Rico. Es además historiador, gestor cultural, escritor, orador, educador y asesor gubernamental. Posee un doctorado en Comunicación Social con concentraciones en Periodismo Escrito y Lenguaje Corporal y está terminando un segundo doctorado en Historia de Puerto Rico y el Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.