ONU rinde homenaje a diplomático peruano que salvó a judíos de barbarie nazi

José María Barreto, Ernesto Pinto-Bazurco y Magdalena Truel, tres peruanos valerosos

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Ex – representante permanente de Perú, Oswaldo de Rivero (i)junto al embajador, Gustavo Meza-Cuadra (d), durante la inauguración de la exposición. Foto EFE/Manuel Elías/Cortesía ONU

La ONU con sede en Nueva York rindió un homenaje especial al desaparecido diplomático peruano José María Barreto Bustíos, por su valentía y acto humanitario al facilitar desde Suiza pasaportes para salvar a 58 judíos, incluyendo niños, del exterminio en campos de concentración nazis.

José María Barreto, Ernesto Pinto Bazurco y Magdalena Truel (foto El Comercio)

Barreto, según fuentes periodísticas, sufrió las consecuencias al haber sido destituido de su cargo de cónsul peruano en Ginebra, por la postura dura asumida por el Gobierno Peruano frente al asunto judío en 1938.

En la sede la ONU, se resaltó su acción humanitaria en la exposición «Más allá del deber«, en la que se recuerda a los diplomáticos de distintos países que ayudaron a escapar a las víctimas de la barbarie nazi. Nacido en Tacna en 1875, Barreto trabajó en la Embajada del Perú en Alemania entre 1925 y 1931. Luego, fue representante ante la Sociedad de Naciones (predecesor de la ONU) y posteriormente cónsul peruano en Ginebra.

En la inauguración, su nieto, el embajador Oswaldo de Rivero Barreto, aseguró que este homenaje supone una «reivindicación histórica» para la figura de su abuelo. “Él fue expulsado del servicio diplomático, abandonado en Ginebra sin salario y sin inmunidad diplomática, con la Gestapo a menos de un kilómetro, que lo habían declarado enemigo y trataron de secuestrarlo», recordó De Rivero Barreto, en declaraciones a la agencia de noticias EFE.

En 1943, Barreto facilitó pasaportes para 58 personas, incluyendo 14 niños, en desafío de las instrucciones de su Gobierno, que había ordenado no dar ningún documento a judíos. De Rivero, declaró anteriormente a los periodistas acerca de la gesta de su abuelo. “Él escuchó a su conciencia y pudo salvar a unas pocas familias, antes de que el canciller Solf y Muro lo expulsara y dejara sin protección en Suiza”.

De Rivero tenía apenas 10 años cuando su abuelo Barreto expiró en 1948, pero recuerda nítidamente sus relatos. “Su actitud piadosa hacia los judíos fue porque vio cómo los peruanos eran tratados como ciudadanos de segunda clase en Tacna durante la ocupación chilena, lo mismo observó en Europa con los judíos”, según da cuenta el periódico El Comercio de Lima.

En 2014, el diplomático Barreto, se convirtió en el primer peruano reconocido por el Museo del Holocausto Yad Vashem de Jerusalén como «Justo de las Naciones», un título que se entrega a personas que contribuyeron a salvar la vida de judíos durante el Tercer Reich.

En la inauguración en Nueva York, intervinieron, entre otros, el embajador de Perú ante Naciones Unidas, Gustavo Meza-Cuadra, y el de Israel, Danny Danon.También lo hizo el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien dio la «señal de alarma» ante el resurgimiento del antisemitismo, según Efe.

Ernesto Pinto-Bazurco

Ernesto Pinto-Bazurco, el médico peruano nacido en El Callao en 1913 estuvo encerrado en 1942 en el castillo de Laufen, convertido entonces en un campo de concentración. la Gestapo lo persiguió junto a otros que, desde el ejercicio de su profesión, ayudaban a judíos y eran naturales de países no alineados con el Tercer Reich, refiere El Comercio.

Pinto-Bazurco, viajó a Alemania en 1932 para estudiar Medicina. El inicio de las escaramuzas lo sorprendió en Múnich, pero sus penurias empezaron en 1942, cuando el Perú rompe relaciones con los países del Eje (Alemania, Italia y Japón).

«Mi padre me dijo que nunca lo maltrataron físicamente, pero que pasó mucha hambre, al salir de allí pesaba solo 49 kilos. Tan desnutrido lo vieron los nazis que en la boleta de liberación –que aún conservo– le dieron un vale por tres días de comida”, rememora Ernesto Pinto. “Tras ser liberado, atendió a varios judíos que eran perseguidos, en cadena con el consulado suizo, que ejercía la representación en Alemania luego de que nuestros diplomáticos fueran retirados por el Gobierno Peruano”, relató su hijo. En Laufen, se develó una placa en su honor

La caligrafista Magdalena Truel

El periodista e investigador, Hugo Coya, autor del libro «Estación Final», sobre las víctimas peruanas en el holocausto, recuerda también la participación de Magdalena Truel Larrabure, quien dejó nuestro país para ir a estudiar a Francia. En el cementerio de Stolpe, una localidad alemana muy próxima a Berlín, están todavía sus huesos. Ella ha sido una peruana hija de franceses que nació en Lima en 1904.

“Ella se convirtió en la mayor y mejor falsificadora de documentos de la resistencia. No solo pasaportes, sino también cédulas de identidad y partidas de bautizo, que permitieron que niños judíos –al ser declarados católicos– salvaran de morir”, relata Coya. “Magdalena era una gran caricaturista y caligrafista, copiaba magistralmente las letras y reproducía idénticamente documentos, los nazis sabían de esta red de falsificadores, pero mucho tiempo no pudieron dar con ella”, agrega Coya. Tras ser arrestada en junio de 1944, fue enviada al campo de concentración de Sachsenhausen.

Fotos:

 

 

 

José María Barreto, Ernesto Pinto Bazurco y Magdalena Truel (foto El Com

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Roberto J. Bustamante
Periodista profesional con amplia experiencia en asuntos internacionales, políticos y comunitarios en Nueva York-New Jersey. Ha sido corresponsal en Naciones Unidas y funcionario de prensa en la Oficina del Fiscal General de New Jersey. Es graduado en Periodismo, Educación y Relaciones Públicas en universidades peruanas. En 1987 obtuvo una Maestría en Ciencias Sociales en la Universidad Long Island en Nueva York, y en 2007 hizo una segunda Maestría en Asuntos Globales en la Universidad Rutgers en New Jersey .Bustamante fue distinguido con el grado de Doctor Honoris Causa por Essex County College en Newark, New Jersey.