Crucero al Mar de Homero

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Como parte de un viaje por barco de 54-dias al África y al Mediterráneo esta primavera en el crucero Prinsendam de Holland America, nos pasamos un mes navegando por el Mar de Homero.

La entrada al Mediterráneo es dramática, con el barco pasando por Los Muros de Hércules: la Roca de Gibraltar en Europa y Ceuta en el África –la leyenda cuenta que Hércules separó estos dos grandes promontorios con sus fuertes brazos durante una de sus labores.

Los famosos y traviesos monos que la habitan –siendo testigos de ver a uno de ellos robarse un helado de una cafetería y disfrutarlo a la sombra de un árbol.

Una escala en Gibraltar nos ofreció la oportunidad de ir al Punto Europa con su lindo faro rojo y blanco y bella vista del mar y la Roca de Gibraltar. También aprovechamos para subir a la Roca y ver la Cueva de San Miguel –ahora sede de conciertos—y ver a los famosos y traviesos monos que la habitan –siendo testigos de ver a uno de ellos robarse un helado de una cafetería y disfrutarlo a la sombra de un árbol.

Otros de nuestros puertos favoritos en el Mediterráneo incluyeron varias ciudades italianas incluyendo una parada en Génova con su área portuaria renovada por el arquitecto Renzo Piano, famoso por el Centro Georges Pompidou en París. El área portuaria de Génova ahora es un sitio moderno lleno de cafés, boutiques y atracciones incluyendo un acuario. Otros puntos de interés en Génova incluyen la Casa de Colón donde el explorador pasó parte de su vida y la Iglesia Gesu, con dos pinturas de Rubens. Una escala en Livorno ofreció oportunidades para hacer giras a Florencia con sus tesoros de arte renacentista incluyendo el “David” de Miguel Angel en el museo de la Academia y a Pisa con su vista de clase mundial de la Torre Inclinada. Otras giras llevaban a Siena con sus reliquias de Santa Catalina y al propio Livorno con sus antiguos fuertes y edificios en tonos suaves.

Una parada de dos días en Sorrento, punto asociado a la leyenda de las sirenas—ofreció oportunidades de ir a la isla de Caprí y al pintoresco pueblito de Amalfi –un tur que nunca dejamos de hacer para disfrutar de vistas del mar con sus aguas esmeraldas y de pueblitos que se derraman de peñascos, incluyendo el divino Positano

En Civitavecchia, el Puerto de Roma, tomamos una excursión de todo el día a la Ciudad Eterna –no importa cuantas veces vamos, nunca nos cansamos de verla. El tour nos llevó al Vaticano a ver la Plaza de San Pedro con las columnas de Bernini, como brazos abiertos para darle la bienvenida al visitante. También visitamos la Basílica de San Pedro con la bella escultura de Miguel Angel, la Pieta. Otros puntos de interés que visitamos incluyeron el Coliseo con su historia de gladiadores y ejecuciones de cristianos; el Foro Romano y la Fuente de Trevi, posiblemente la fuente más famosa del mundo, desde que fue centro de mesa de la película clásica, “Tres Monedas en la Fuente.”

Después de paradas en las joyas de España, Barcelona (donde nos paseamos por La Rambla visitamos obras de Gaudí incluyendo su espectacular Casa Batlló con un “dragón” en el techo), Cádiz (donde emprendimos caminatas por el Casco Histórico con su imponente Catedral) y Valencia con la arquitectura modernista de Santiago Calatrava en la Ciudad de Artes y Ciencias (¡y las deliciosas paellas de la ciudad!) el Prinsendam salió del Mediterráneo y emprendió rumbo a Lisboa. Una escala en Lisboa ofreció oportunidad de visitar a Fátima donde tres pastorcitos reportaron apariciones de la Vírgen María en el 1917, al igual que hacer excursiones a pueblos pintorescos como Cascais y Sintra.

 

El cruce del Atlántico para regresar a Fort Lauderdale, desde donde comenzó  la travesía, hizo escalas en las pintorescas islas portuguesas de las Azores y en Hamilton, Bermudas –esta última con linda arquitectura en tonos suaves y playas de arenas rosadas.

Durante todo el viaje el crucero Prinsendam resultó ser el hogar flotante ideal. Tiene cupo para solamente 850 pasajeros y es elegante y sosegado –como un club donde todo el mundo se conocía durante la larga travesía. El barco ofrece servicio esmerado, comidas deliciosas, entretenimiento variado, clases de cocina de America’s Test Kitchen y actividades organizadas incluyendo charlas sobre los puertos. Sus cabinas son confortables y atractivas –la nuestra tenía ventana, área con sofá y silla, closet grande, mini-refrigerador/bar y baño con bañera y ducha.

Informes: www.hollandamerica.com.