El cierre de escuelas: problema o solución

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La educación en Puerto Rico ha sido un tema de controversia de unos años para acá.   Siendo uno de los temas principales el cierre de escuelas, en la zona urbana y rural, de nuestra Isla.  Esto ha puesto a pensar a superintendentes, directores, maestros, estudiantes y padres del sistema educativo.  No cabe dudas, que la crisis económica ha afectado todas las áreas especialmente:  la educación.  Siendo la ésta la esencia de un pueblo.  Nelson Mandela consideraba la educación como el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.  Pero, como puertorriqueños como vamos a realizar ese cambio si el cierre de escuelas es la orden del día.

Es triste ver como se despiden maestros de sus escuelas pues no saben cuál será su lugar de trabajo en los próximos meses y la tristeza que ocasiona en los niños pues ya ven a sus maestros como sus padres.  Los estudiantes sienten que se les está violentando su derecho a una educación gratuita.  Se sienten las familias desesperadas; algunos desempleados, otros planificando irse de Puerto Rico para mejorar su calidad de vida.

El cierre de escuela conlleva dejar ese hogarcito donde han pasado los mejores años de su vida como estudiantes.  Podemos observar cuando hacemos turismo interno que dichos planteles se han convertido en hogares para gatos, perros, gallinas, pollitos, gallos, palomas, pero sobre todo caballos que están en los mismos, día y noche.  Los arbustos no permiten ver para dentro del plantel pues ni siquiera los recortan. La basura está por todas partes, desde la entrada hasta el área del zafacón del municipio. Se han convertido, las escuelas cerradas, en crematorios clandestinos y puntos para los usuarios de drogas.   Con ésto, ya no se escucha el timbre de las 8:00 am y 3:00 pm, los niños ansiosos por entrar a sus salones con el deseo de compartir con sus amigos y maestros, entonar el Himno de Puerto Rico todas las mañanas, escuchar los avisos por el altoparlante y ver a sus padres recoger a sus hijos contentos.

Los portones abiertos hacen que personas entren a estos planteles dejando a un lado aquellos letreros que enfatizaban La Ley Núm. 30 de 16 de mayo de 1972 que desde su aprobación prohíben la entrada o permanencia de personas no autorizadas al edificio o terrenos de una escuela elemental, intermedia o superior, colegio público o privado en Puerto Rico. Según ha surgido la necesidad la Ley Núm. 30, ya enmendada:  en 1977 para hacer más rigurosa las penas establecidas, en 1983 para establecer una presunción controvertible en el sentido de que la presencia de una persona en el edificio o terrenos de la escuela o colegio de que se trate será evidencia prima facie de que se encuentra ilegalmente en dichos lugares y en 1996 para incluir en dicha prohibición los centros infante-maternales, pre-escolares, de horario extendido para niños de edad escolar y Head Start.

El gobierno ha querido echar a un lado un problema y ha buscado la solución menos indicada pues el cierre de escuelas lo que conlleva es el hacinamiento de estudiantes, tener un margen de hasta tres o cuatro directores en las oficinas administrativas, ¿haciendo qué? Cada director viene de una escuela que fue cerrada, por lo tanto, su matrícula está en esa escuela, si ocurre una emergencia suponiendo un fuego, ¿cuál de los tres atenderá al alumno y con cuánta prontitud?

Dejar maestros fuera del sistema ha creado un caos psicológico y depresivo. Los que se quedan se sienten desmotivados porque su futuro es incierto.

En conclusión, donde están las uniones y la Asociación de Maestros, padres, estudiantes, en fin, la ciudadanía, para defenderse y lograr que la educación vuelva a ser la de antes donde el maestro es un facilitador y el alumno la persona que desea aprender para hacer de este Puerto Rico uno mejor.