ASAMBLEA ENTREGÓ RECONOCIMIENTO A FAMILIARES DEL POETA CÉSAR DÁVILA ANDRADE, POR SU APORTE A LAS LETRAS, POESÍA Y CULTURA

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Espacio me has vencido”. Así se tituló el primer libro de poemas de César Dávila Andrade, publicado en 1946. Con esa obra se consagró y está considerada como una de las creaciones más hermosas que se han escrito en el país. De ahí vinieron más poemas, cuentos, narraciones, ensayos, hasta que falleció en Caracas, el 2 de mayo de 1967.

Por ese gran legado y aporte a la cultura, la Asamblea aprobó, el pasado 10 de octubre, una Resolución para realizar un homenaje póstumo al poeta, narrador y periodista, nacido en Cuenca, el 5 de octubre de 1918. En el documento, el Pleno acordó otorgar la presea al mérito cultural “Adalberto Ortiz”, que la recibieron el 13 de noviembre, sus familiares.

“A estas horas ya habrás cenado ese pan delgado, que al mirarlo, produce una sonrisa y una lágrima. Y pensar que yo nunca sentí tu hambre, que te robé un árbol azul y dos arbustos blancos y que por eso hoy tienes marchitas ya las venas y descalza la blanca altura de los senos, y que un ángel oscuro con un nombre extranjero tal si fuera una puerta, a tu esternón golpea…”.

Fue uno de los fragmentos de “Carta a la Madre” que su sobrino Jorge Dávila leyó en el Pleno, donde destacó el “profundo significado del Acuerdo Legislativo y la Condecoración”. Jorge sigue los pasos de su tío César. Era un poeta magnífico, el mayor de los cuentistas ecuatorianos, según muchos analistas. Era, además, un luminoso ensayista, destacó, tras pedir que se difunda su obra.

Y esa también es la intención de la Asamblea. Según el Acuerdo, el Parlamento exhorta a la sociedad ecuatoriana, a la academia, a la juventud, a las entidades culturales y medios de comunicación, entre otros, a conocer, difundir y mantener vivas las obras y el legado del poeta César Dávila Andrade

Su aportes, según Doris Solis, proponente de la resolución, destaca por haber podido reflejar todos los estados del alma, por haber creado un estilo único y por haber dado voz al sufrimiento indígena, por lo que el reconocimiento del Legislativo se suma a otros que se iniciaron en octubre, dentro y fuera del país, por parte de diferentes organizaciones.

 

Carta a la madre

César Dávila Andrade (1918-1967)

A estas horas ya habrás cenado
ese pan tan delgado, que al mirarlo,
produce una sonrisa y una lágrima.

Y pensar que yo nunca sentí hambre,
que te robé un árbol azul y dos arbustos blancos
y que por eso hoy tienes marchitas ya las venas,
y descalza la blanca altura de los senos,
y que un ángel oscuro con un nombre extranjero
tal si fuera una puerta, a tu esternón golpea…

No madrugues a misa ni cojas el sereno.
Yo sé muy bien que amas con el dolor de Cristo.
Mil noches de costura te han llagado los ojos
y la malva morena de tus sagradas manos
tiembla ya con el viento que gira en la ventana.

No sufras porque el sábado amanezca con lluvia
ni porque el río baje con un ramo de lirios.
No sufras porque ha muerto esa gallina blanca
con la que hablara de sueños, una noche, mi hermana.

Ya recibí tu carta. ¡Escrita con romero y pestañas azules!
Me cuentas que se ha muerto mi prima María Augusta.
Ahora que estoy lejos, te diré: Yo la amaba.
Mi timidez de entonces me quebró las palabras.

Baja mañana a verla con un ramo de nardos,
y recítale alguna oración impalpable.
Dile que ya no bebo y que he pasado el año.
Ahora que estoy lejos te diré: ¡Cuánto la amo!

Dime sinceramente qué piensas de este hijo.
Te salió tan extraño.
Renunció todo aquello que los otros ansiaban,
y se hundió en sí, tanto, que quizás no es el mismo…

Seguramente piensas: “Estará enamorado”.
Y habrás adivinado. Encontré una muchacha
con una voz blanquísima y los filos dorados,
el pelo hecho de espigas y sortijas de malta.

Y ahora, yo quisiera decirte que te amo,
pero de una manera que tú no sospechaste.
Verás. Ahora te amo en todas las mujeres,
te amo en todas las madres, te amo en todas las lágrimas.

Tú dirás: “Esas cosas que tiene…”
No sé que me ha pasado. Tal vez esté enfermo.
Tal vez los libros raros…
Es que el amor de antes se me ha vuelto tan claro
que siento que ya nada es para mi extraño…

1946