40 AÑOS DEFENDIENDO NUESTRO PATRIMONIO

0
898

En efecto, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de Ecuador, entidad pública dedicada a la preservación y puesta en valor de los patrimonios materiales e inmateriales del país, está cumpliendo cuatro décadas de creación, por lo que está festejando  a lo grande este feliz acontecimiento.

En la ceremonia de aniversario del Instituto se hizo un recorrido de su historia a través de un vídeo, y un balance de la gestión de su  actual director Ejecutivo, Joaquín Moscoso.

En el marco de esta celebración se inauguró el Proyecto Museografía de La Circasiana; es decir la sede-matriz del Instituto se convirtió en un museo vivo, en el que se están exhibiendo fotografías y textos que nos trasladan  a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, época en la que habitó, en este local, la familia Jijón Caamaño, también nos revela la historia de esta antigua mansión construida entre 1890- 1898.

Se aprovechó  esta ocasión para rendir justo homenaje al Grupo “Tres Marías”, un trío de cantantes de música afro ecuatoriana, con una trayectoria de 60 años, reconocidas por mantener vivo el patrimonio oral y musical de su pueblo. Nacidas en la comunidad Chagualyacu, de El Juncal, cantón Pimampiro, provincia de Imbabura.

 

Hoy en día, esta institución encargada de cobijar con mucho celo el legado que nos dejaron nuestros antepasados ocupa La Circasiana, un inmueble patrimonial que perteneció a la familia Jijón Caamaño, inmueble adquirido por el Municipio de Quito y otorgada en concesión al Instituto.

Pero mis lectores/as se preguntarán ¿qué esto del patrimonio? En realidad alrededor de este tema hay varias lecturas que apuntan a una misma concepción, me iré por la  más comprensible: “son todos los bienes que forman la identidad de un grupo humano, estos bienes pueden ser materiales como las tolas, pirámides, templos, monumentos; el saber popular diario de una sociedad que le permite la sobrevivencia, de acuerdo a sus costumbres, por ejemplo la artesanía textil, de cerámica u otros materiales, la culinaria etc., y los símbolos o valores que muestran sentimientos de un pueblo, como la música, danzas,  expresiones artísticas e historia testimonial y oral.

LA CIRCASIANA

Esta mansión es un símbolo de la opulencia en la que vivió la clase pudiente y aristocrática de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Al respecto, un  documento del Instituto afirma “mansiones como La Circasiana representan el alejamiento al modelo de vivienda colonial que predominaba en el Centro, donde los dueños de casa compartían el espacio con tiendas, oficinas y piezas de alquiler¨.

En contraste, las nuevas edificaciones hacia el norte fueron exclusivamente domicilio. Internamente las casas desecharon el patio colonial, adoptando en su lugar el hall, escaleras como medios de circulación hacia las habitaciones, estancias y grandes salones, a la manera anglosajona.

Externamente amplios jardines, caminos de entrada a las casonas, establecieron fronteras entre el espacio doméstico y el exterior”.

Esta movilidad se dio por la migración del campo a la ciudad y la modernización que marcaron esa época a Quito, cuyo eje de vida fue el Centro Histórico que comenzó a expandirse hacia el norte del parque El Ejido, donde se comenzaron a  construirse fincas, casas  y villas.

La Circasiana está asentada en una extensión de 3.000 metros cuadrados, su modelo es una réplica de las villas europeas, en este caso tiene un típico estilo francés. Su riqueza artística y patrimonial  corresponde  al estilo neo- clásico, cuentan los expertos.

Se cree que los planos fueron ejecutados por el arquitecto alemán Francisco Schmidt. Su construcción arrancó  en 1890  y finalizó en 1898, época convulsa en la vida política del país.

A Schmidt también se le atribuye la edificación de  otros inmuebles símbolos de Quito como el Teatro Nacional Sucre, el Mercado Santa Clara y el antiguo Hospital Militar.

A este inmueble patrimonial se le concibió como una casa de descanso de la familia Jijón, pues su residencia principal contenía tres pisos y tres patios y estaba ubicada en la calle Sucre, entre García Moreno y Venezuela.

Un documento referencial del Instituto nos devela que “la casa, de estilo neoclásico, fue en un inicio un bloque rectangular de un piso principal con planta baja a manera de sótano, y una terraza en medio de la cual sobresalía una habitación y la cúpula del oratorio. Ostentaba gran decoración: vidrios, cortinaje, tapicería y papel tapiz importados de París, más cielos rasos de latón pintados, traídos desde Filadelfia. Los pasillos se adornaron con pintura mural atribuible a Joaquín Pinto y Juan Manosalvas.”

Alrededor de 1930, Jacinto Jijón  y Caamaño decidió ampliar la vivienda, entre lo más notable de la extensión figuran los salones sociales separados por un hall de techo abovedado conocido como Hall Colorado, además se añadió un museo y la biblioteca.

En la fachada norte del Palacio es posible apreciar las armas de la familia talladas en piedra. La que fue la biblioteca y estudio de Jacinto Jijón y Caamaño (1940) contaba con 40.000 volúmenes. Actualmente alberga al  Archivo de la Ciudad de Quito.

En la parte externa, se aprecian jardines hermosos, figuras de mármol, entre las que se destacan las denominadas Las 4 Estaciones, dos leones tallados en piedra y unas modernas esculturas de caballos de la autoría de Gonzalo Endara Crow, artista contemporáneo.

Según cuentan, el nombre La Circasiana se debe a la sugerencia de la madre de Jacinto Jijón, María Luisa Flores quien hizo alusión a la región de Circasia- Rusia, de la cual se decía que era la cuna de las mujeres más bellas del mundo.

Cuenta la historia que Manuel Jijón Caamaño se casó con María Luisa Flores, sobrina nieta del ex presidente Juan José Flores. De este matrimonio nació su único hijo Manuel Jijón  Flores, quien contrajo matrimonio con Cecilia Barba  Larrea, quienes trajeron al mundo tres hijos Jacinto, Manuel y Ana Rosa. Prácticamente, esta fue la generación que habitó en la Circasiana.

Jacinto Jijón Barba, hijo de Manuel Jijón Flores,  tuvo una intensa actividad política, enarboló las tesis del conservadurismo tradicional, por lo que hizo de La Circasiana la sede de reuniones de los conservadores de la época.

Por su parte, su abuelo Jacinto Jijón y Caamaño fue un reconocido historiador e investigador de la historia de Ecuador siguió la línea del arzobispo Federico González Suárez,  de quien fue su discípulo. Él conservó y preservó una colección documental impresionante. Este patrimonio forma parte del archivo histórico del Ministerio de Cultura.

Además en una casa anexa tuvo su museo privado donde conservaba las piezas arqueológicas que halló, en sus estudios. Aquí vivió hasta 1950. En  1935 y 1946 se convirtió en alcalde de Quito. En 1940 fue candidato a la presidencia de Ecuador.

Por 1998, Manuel Jijón decidió vender el inmueble al Municipio de Quito toda vez que la familia se trasladó a vivir en su casa hacienda Chillo Jijón, Valle de los Chillos, donde llevaron sus obras de arte y antigüedades que había en La Circasiana. Actualmente, la hacienda de Chillo- Jijón funciona como un hotel boutique y su capilla alquila para bodas.

La familia  Jijón donó, a la ciudad, la puerta  en forma de arco de piedra tallada conocida como La despedida de los Centauros, inspirada en los arcos de triunfo de la antigüedad , cuyo autor fue Luis Antonio Mideros, ésta fue trasladada a la entrada del  parque El Ejido.

Asimismo, otras familias aristocráticas de Quito construyeron palacios similares en el Centro Histórico de Quito, como el Palacio Gangotena, el Palacio de las Najas, donde funciona la Cancillería, Palacio de la Exposición, el actual ministerio de Defensa.

En fin, La Circasiana es un conjunto arquitectónico diverso: tiene un parque público de recreación, la casa tradicional de la familia Jijón, en la que funciona el Instituto de Patrimonio, se halla el edificio de la antigua biblioteca que es la sede del Archivo Metropolitano de Historia donde trabaja el cronista de la ciudad, y otras dependencias privadas en la parte posterior.