CATARINA DE SAN JUAN, O MIRRA: NI CHINA . . . NI POBLANA

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Su nombre original: Mirra; después, Catarina de San Juan, princesa, esclava; casada pero virgen. Visionaria, taumaturga, productora de milagros, casi santa; biografiada por buenas plumas; enterrada en el templo de sus preferencias, la de los padres de la Compañía de Jesús, de tumultuoso y exultante sepelio. Luego, su imagen, casi nada, junto a la de don Juan de Palafox y Mendoza, retirada por la Inquisición de la circulación que la condena. El jesuita Alonso Ramos, su biógrafo, pretende llevarla a los altares. Pudo ser la primera santa mexicana, pero el sacerdote -frustrado en sus empeños- llegó a desequilibrios mentales.

Mito y leyenda, la llamada “China poblana” –ni china ni poblana- nació en la India, pero eso sí, fue figura indispensable en la Puebla del siglo XVII – ciudad virreinal a la que llegó en la Nao de China, vía Acapulco, como esclava, en 1621. Vivió en esa ciudad hasta su fallecimiento en 1688.

Su tumba y la casa que habitó frente a la Compañía, subsisten; en ésta vivió como sirvienta de Don Miguel Sosa y su esposa. A la muerte de su “amo” don Miguel, la esposa ingresa al convento, quedando nuestra Catarina en desamparo. Entonces es recogida, literalmente, por el sacerdote Pedro Suárez.

Un chino verdadero, Domingo Suárez, sirviente del clérigo, se enamora de ella y se casan, pero Catarina permanece virgen hasta que el esposo muere.

Nuevamente es recogida, ahora por Hipólito del Castillo, que vivía frente a la Compañía de Jesús, dándole un pequeñísimo aposento a Catarina de San Juan, en donde moriría años después, acompañada de profecías, milagros, videncia y vivencias superiores, habiendo vivido largos 82 años; mística que sufrió, gozosa en su penuria, tormentos inusitados, reales y, acaso, ficticios.

“Rosa de la China…Florecida en la Puebla novohispana con aromas especiales, envuelta en el mito, la leyenda; y la mujer de carne y hueso, de modesta ropa y ropaje que usó Catarina, que poco o nada tiene que ver con los multicolores trajes de la llamada “china poblana”, repletos de lentejuelas y chaquiras…”.

Y UNA BIOGRAFÍA…

El Dr. Hugo Leicht, autor de “LAS CALLES DE PUEBLA”, a propósito de la China Poblana, escribió una breve biografía haciendo referencia a una lápida que existe en la antesacristía del templo de la Compañía de Jesús: “La lápida antes cubría el sepulcro de Catarina de San Juan en el presbiterio del templo. (Ella) nació en Delhi, capital de los grandes mogoles en la India Oriental, según la lápida en 1606, pero según sus biógrafos, en 1609 o 1610. Recibió el nombre de Mirrha.

Su padre, ‘un príncipe dueño absoluto de algunas tierras del Mogor’, era médico y exorcista; serenaba también tempestades. Su madre, dicen, fue la hija de un emperador del Oriente llamado Maximiliano (?). Huyendo de una invasión de los turcos, la familia se trasladó a la costa. Paseándose la niña en la playa con su hermano menor, ambos fueron robados por comerciantes portugueses, que llevaron a muchacha a Cochin. Allá fue bautizada por los padres jesuitas, recibiendo el nombre de Catarina de San Juan. Tenía entonces 9 años de edad.

“En Manila (Filipinas) la compró un comerciante portugués, llegado de México, que tenía el encargo del capitán Miguel Sosa, vecino de Puebla, para adquirir una chinita. En Acapulco la esperaba su nuevo amo, que la trajo acá, hacia 1620. En la casa del capitán y su esposa, que no tenían hijos, ocupó la posición de criada o ama de llaves.

“Muriendo Sosa poco después, Catarina a instancias del presbítero Pedro Suárez casó con un esclavo chino de éste, llamado Domingo Suárez (apellido de su amo), con quien vivió 14 años, conservando su virginidad. Entregóse a una vida de prácticas místicas, que continuó en su viudez durante 50 años. Su amiga fue Sor María de Jesús, del convento de La Concepción, que murió en 1637.

Agobiada por la edad y constantes ataques de histerismo, murió en una covacha de la casa del capitán Hipólito del Castillo de Altra, sita en la Avenida del Ayuntamiento (hoy Av. Juan de Palafox) número 400, frente al costado de la Compañía, el 5 de enero de 1688, y fue inhumada, según su voluntad, en la iglesia del Espíritu Santo. …Su traje siempre consistía en un sayal, vestido pardo de lana, al uso de las capuchinas.

“El confesor de Catarina, el padre Alonso Ramos, escribió su vida en tres voluminosos tomos infolio, en 1689… El pueblo comenzó a venerarla como santa, se multiplicaron sus retratos y se buscaron sus reliquias, hasta que la Inquisición de México, por edicto de 1691, prohibió las estampas de ella, recogiéndolas, de manera que ya no existe ninguna. Por otro edicto, de 1696, prohibió el libro del padre Ramos “por contenerse en él revelaciones, visiones y apariciones inútiles, inverosímiles, llenas de contradicciones, impropias, indecentes y temerarias… ”

La mencionada lápida en la sacristía de La Compañía decía (traducida del latín al castellano): “A Dios Optimo Todopoderoso. Guarda este sepulcro a la venerable en Cristo Vírgen Catarina de San Juan, que la tierra del Mogor dio al mundo y la Puebla de los Ángeles al cielo. Después que había vivido 82 años, amada principalmente de Dios, no menos de los hombres, humilde y pobre en la esclavitud, aunque ilustre por su sangre real, acaeció su fallecimiento, seguido de gran aclamación por parte del pueblo y del clero, en la víspera de los tres Santos Reyes, el año de 1688”.