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Una cosa son los amigos del alma y otra hacer negocios con ellos

Las relaciones de amistad son necesarias para la estabilidad emocional y el buen desempeño profesional, pero no todas son beneficiosas. Los líderes deben saber elegir.

Nuestros padres tenían algo de razón cuando decían aquello de «no me gustan esas amistades». Es verdad que un adulto no es tan influenciable como un niño o un adolescente, pero en cierta medida nuestros amigos ejercen una influencia sobre nosotros: acabamos pareciéndonos a quienes más estrechamente nos rodean. Los grandes líderes lo saben y por eso eligen sus relaciones de forma beneficiosa.

Una parte de las amistades son fruto del azar. La vida nos relaciona con personas próximas, vecinos, compañeros de estudios o trabajo, colegas, padres del colegio de los hijos, gente que conocimos en el gimnasio o practicando otras aficiones, amigos de familiares y parientes… Las relaciones personales son necesarias para el equilibrio emocional, pero todo líder sabe que una cosa son los amigos del alma y otra muy distinta hacer negocios con ellos.

Los líderes-directivos deben buscar que sus amigos sean:

Personas de las que puedan aprender. Un líder es, por definición, alguien que busca superarse y mejorar cada día. No solo en su profesión, sino también personalmente. Liderar es crecer, adaptarse a los cambios, estar abierto al conocimiento. Por eso un líder disfruta aprendiendo de todo y de todos, está atento a la información que le llega, reconoce el talento ajeno, pregunta y jamás teme reconocer que no sabe algo.

Personas ejemplares. El líder busca rodearse de personas que tienen una actitud ética, que saben superar las dificultades con entereza, que son capaces de gestionar adecuadamente sus emociones y que encuentran soluciones a los problemas de cada día. La inteligencia emocional se aprende y se contagia.

Los líderes-directivos tienen que huir de:

Personas tóxicas. Hay gente que se hunde ante las adversidades y se siente incapaz de afrontar las adversidades; si necesitan nuestra ayuda, tenemos que echarles una mano. Pero las personas manipuladoras, victimistas, improductivas, que hablan mal de los demás, que echan la culpa a otros de cualquier problema, que pierden el tiempo, que generan mal ambiente a su alrededor y que son agresivos o provocan la agresividad de quienes los rodean, no convienen a nadie.

Personas aduladoras. Los que se conocen como serviles suelen ser mal considerados por sus compañeros, pero existen porque hay jefes que disfrutan de su compañía. Craso error: como decía Sigmund Freud, «uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso». Un verdadero líder, por el contrario, huirá de este tipo de amistades porque no teme a las críticas; al contrario, busca rodearse de personas que confronten sus decisiones, que le pongan en su sitio, que le hagan dudar. Asume que no es perfecto, que no tiene la verdad absoluta y que solo las personas sinceras le harán mejorar y llegar a la excelencia.

@EstrellaFloresC

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