AFROECUATORIANO ES ASESINADO TRES VECES: UNA EN LA CALLE, OTRA EN LOS MEDIOS Y LA TERCERA EN ORGANIZACIONES DE DERECHOS HUMANOS, ES LA OPINIÓN MAYORITARIA DE LOS ECUATORIANOS, ANTE EL ASESINATO DEL JOVEN MARTIN ANDRÉS PADILLA DELGADO
Un hecho muy lamentable se dio el anterior 23 de agosto, en la localidad de Mascarilla, provincia norteña de Imbabura, cuando un joven afro ecuatoriano de 26 años, fue asesinado por un policía del GOE, en circunstancias en que un grupo de esta etnia protestaba airadamente por un accidente de tránsito que se dio en el Juncal- Valle del Chota.
El incidente se dio luego del choque de dos automóviles, el momento en que los agentes disponían a llevarse los carros siniestrados en una wincha, llegó un grupo de personas para impedir que lo hagan. Se registraron enfrentamientos y de pronto el joven Padilla Delgado recibió un disparo en la cabeza.
El asesinato de este joven comerciante, padre de dos niños, quien con su madre trasladaba tomate y cebolla hacia el mercado de Tulcán, a decir de la opinión pública ha sido minimizado por los medios de comunicación, esquivado por las autoridades gubernamentales pertinentes e ignorado por las organizaciones sociales defensoras de los derechos humanos. Tal vez por su cercanía con el gobierno de Lenin Moreno Garcés, señalan los críticos a esta forma de tratar este suceso.
A la luz del Código Orgánico Integral Penal, COIP, vigente en el país, este hecho podría perfilarse como un crimen de odio, así lo dice el Art. 144. ““La persona que cometa actos de violencia física o psicológica de odio, contra una o más personas en razón de su nacionalidad, etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género u orientación sexual, identidad cultural, estado civil, idioma, religión, ideología, condición socioeconómica, condición migratoria, discapacidad, estado de salud o portar VIH, será sancionada con pena privativa de libertad de uno a tres años».
Además, los entendidos en materia legal presumen que sería un caso de Ejecución Extrajudicial según lo prevé el COIP, tipificado en el artículo 85 que señala : “La funcionaria o el funcionario público, agente del Estado que, de manera deliberada, en el desempeño de su cargo o mediante la acción de terceras personas que actúen con su instigación y se apoye en la potestad del Estado para justificar sus actos, prive de la vida a otra persona, será sancionada con pena privativa de libertad de veintidós a veintiséis años”.
Lo que realmente indigna, al ecuatoriano común, es que tanto las autoridades gubernamentales cuanto los líderes de opinión, en los grandes medios, han minimizado el tema, quizás para ellos este episodio es algo intrascendente. Solamente fue asesinado un negro llamado Martín Andrés Padilla Delgado, por una bala procedente de una arma de alto calibre que portaba el policía David Eduardo VC, quien según el video le disparó por la espalda, de forma sorpresiva.
El asesinato conmovió a los allegados y gente del lugar, que en su desesperación e indignación atacaron de forma virulenta al cuartel de policía, quemaron un patrullero e hirieron a dos policías. Posiblemente porque hasta el momento no logran entender el motivo que tuvo el gendarme para disparar sobre la humanidad de Padilla.
Persiste la indignación en la gente del lugar ya que versiones de prensa, en un principio, afirmaron que era un enfrentamiento de contrabandistas. Asimismo, el esclarecimiento de este crimen de Estado no es noticia, no hay grandes titulares sobre este hecho, ni hay peticiones de investigaciones como en otros casos donde las víctimas no son afros.
De igual manera, las autoridades nacionales y locales, como el ministro del Interior Mauro Toscanini, la gobernadora de Imbabura Marisol Peñafiel no han ido más allá de decir que este acto “se investigará”, y punto.
Lo doloroso del asunto es que al traslado de los restos de este joven no acompañaron ni personalidades de su etnia, ni representantes de grupos que se autocalifican como minorías o discriminados, peor aún, la institucionalidad gubernamental que promueve la inclusión social, no ha habido reclamos notorios de ninguna organización política que advierta que se está criminalizando la protesta social. Nada, silencio total que enrostra a la sociedad ecuatoriana su calidad de racista y clasista.
Por ahí, una tibia solidaridad con la familia Padilla por parte de la Defensoría del Pueblo que también ofreció investigar el caso y ofrecer garantías legales al policía ya detenido. También se ha pronunciado el Consejo de Igualdad de Pueblos y Nacionalidades pero en términos institucionales sin abordar el hecho de que se perdió una valiosa vida de un ser humano y que deja a dos niños en la orfandad y a una viuda desamparada.
Es creciente la corriente de que este asesinato es por odio al diferente; es decir puro racismo en vista de que hasta la presente, a esta familia nadie le defiende ni reclama sus derechos humanos ni constitucionales.
Ojalá con el pasar del tiempo esta actitud de contemplación devenga en otra, una que nos muestre como una sociedad que venció prejuicios raciales y actitudes de exclusión e inequidad. Ya que desde todo punto de vista la discriminación racial es una violación a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.
Debemos recordar que los afro ecuatorianos han hecho aportes significativos a lo largo de nuestra historia para la construcción de nuestro país. Que sus cadenas de esclavitud actuales tienen que ver con la falta de educación, salud, oportunidades laborales lo que ha impedido su plena reinserción en la vida social, política, económica y cultural.
Los ecuatorianos debemos estar conscientes que el racismo y la discriminación racial conlleva desigualdades y desventajas frente a los otros. Lo que muchas veces provoca resentimiento social y por lo tanto violencia y hasta delincuencia. Por lo que es nuestro deber adoptar nuevas relaciones con los afro ecuatorianos en base a la conquista plena de sus derechos a la igualdad, equidad cultural, autonomía y desarrollo.
Finalmente, vale recordar nombres de ilustres afro ecuatorianos que iluminaron las páginas de la historia ecuatoriana: Alonso de Illecas, Jonatás Sáenz, Adalberto Ortiz, Antonio Preciado, Nelson Estupiñán, Guillermo Ajoví ( Papá Roncón), Las Tres Marías, Alberto Spencer, Agustín Delgado, Ulises de la Cruz, Iván Hurtado, Antonio Valencia, Enner Valencia, entre los más destacados.