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La Navidad llena de amor y alegría a cada hogar

No permitamos que los juguetes y el mercantilismo desvíen nuestra fe en la celebración de la Navidad. Es el día de la llegada del Niño Jesus en un pesebre de pobreza, por eso unamos nuestros corazones para recibir sus bendiciones de amor y paz, y tengamos esperanzas y fe en el nuevo año 2019

Desde muy niña, en mi hogar ha sido toda una tradición que hasta hoy guardo recuerdos inolvidables.

Introducción: Para las familias inmigrantes como Ana Virginia Bustamante, la Navidad es símbolo de fervor por el niño Dios. En esta fecha, es inolvidable el arreglo del nacimiento en su hogar, algo que a través de los años espera con ansias como una forma de honrar al Todopoderoso y darle gracias por todas las bendiciones. Historia de vida que la consagra como mujer de fe, de amor, de espiritualidad. Un sentimiento puro que nos hace reflexionar y darnos cuenta que hay muchas cosas en la vida que a veces olvidamos o no queremos darnos cuenta. Le agradezco profundamente a la familia de Ana Virginia, orgullosamente peruana, por compartir con nosotros esa hermosa parte de su vida. Mostrar a nuestros lectores lo bonito de las verdaderas fiestas navideñas. ¡Un pesebre hecho con el mayor amor del mundo!!

Gracias. Continuamos con su historia y muchas bendiciones.

La navidad en que el mundo celebra la llegada del Niño Dios es la época del año en que me siento contenta y espero con ansias no solo para reunirme con la familia, sino adorar y darle gracias a Dios.

Desde muy niña, en mi hogar ha sido toda una tradición que hasta hoy guardo recuerdos inolvidables. Cuando cumplí 5 años de edad, veía a mi padre dentro de nuestra casita, preparar el nacimiento del Niño Jesús. A fines del mes de noviembre mi padre empezaba con sus primeros materiales y arreglos para que podamos tener un nacimiento o un pesebre en el lugar más céntrico de nuestra vivienda. Mi padre salía a comprar los juguetes y con mucha imaginación fabricaba con sus propios recursos algunos objetos que no estaban disponibles, por ejemplo, se encargaba de construir casitas en miniatura de cartulina con sus luces usando foquitos de linterna para darles abundante luz.

Yo recuerdo como si fuera ayer cuando mi padre puso su imaginación y ganas para edificar en miniatura la réplica del parque denominado Parque Pino en la ciudad de Puno, como parte del mismo nacimiento, con iluminación, áreas verdes, bancas para sentarse y una fuente de agua en la parte céntrica. Nunca me olvidaré que cada año su proyecto de nacimiento crecía cada vez con nuevos juguetes para el Nino Jesus, de diferente estilo, conservando la fe y la tradición de la navidad.

Yo crecí en medio de una familia que demostraba mucho fervor y devoción al Nino Jesús. Para mí, la navidad es la época del año en que mi familia y yo estamos juntos, al mismo tiempo que arraiga en mí ser la espiritualidad y el amor al prójimo.

Por la década del 80 Cuando migramos a los Estados Unidos, yo decidí seguir con la tradición de preparar el nacimiento del Niño Jesús en mi nuevo hogar. Estuve decidida a  preparar el nacimiento y los primeros años lucía muy pequeñito porque hice promesa al Niño Jesús que todos los años lo haría y que sería el nacimiento más lindo del mundo. Y así fue, mis padres nos regalaron el pesebre y cada año le iba comprando sus casitas, adornos, figuritas en miniatura, arbolitos, todo lo necesario para hacer una villa, y hoy puedo calcular que el nacimiento cuenta entre casitas, iglesias, escuelas, hoteles, bomberos, policía, farmacia, tiendas de juguetes, más el tren que recorre toda la villa, piletas, restaurantes, parques con pista de patinaje etc. etc.

Ana Virginia y Audrey Berk en la Florida

Para mí la navidad es un tiempo de paz desde los primeros pasos en la preparación del nacimiento. Es mi propia forma de adorar a Dios y al Todopoderoso le dedico mi creatividad y apenas lo hago surge en mi mente la figura mi padre con sus sugerencias y como efectuar las conexiones de electricidad y otros pequeños detalles que son tan importantes. Mi familia y algunos vecinos y amigos al ver el nacimiento me comentan que  es mucho trabajo, yo no lo siento así, lo hago en aproximadamente 3 días, algunas veces,  llegaba a casa 12 de la noche  de mi trabajo a seguir haciendo el nacimiento, a veces estuve despierta hasta las 3 de mañana y no me sentía cansada, me imaginaba haciendo una ciudad en miniatura, con todo lo necesario, con todas las instalaciones de cables eléctricos que van por debajo de la mesa; hacerlo para mi es una distracción, es una terapia, es como sumergirme en un mundo de fantasía,  y por supuesto  verlo terminado me da una enorme satisfacción.  Soy muy celosa con las cosas del Niño Jesús, pues no permito que nadie las toque y menos me pidan regalar alguna figura del nacimiento; le tengo mucha fe, Él siempre nos ha protegido, El siempre está con nosotros dándonos sus bendiciones.

En estados Unidos, esta tradición ya lleva más de 30 años, y estoy segura que continuará con mis hijos y nietos.

Recuerdo también algo muy admirado y lindo en mis padres; por donde vivíamos en la ciudad del Cusco, había muchachos que estudiaban en la Universidad y que vivían solos, entonces llegada la Noche Buena, mis padres los invitaban a estar en casa, les daban un regalito, comían y luego se iban. Mi madre decía: “estos muchachos están solos aquí, por eso en Noche Buena hay que compartir”. Cantábamos villancicos, adorábamos al Nino,  mi padre hacia funcionar los juguetes del Niño Jesús, y luego mi  madre exclamaba: “el Niño Jesús les ha mandado algunos regalitos, porque se han portado bien y han traído buenas calificaciones”.

Así pasábamos la Navidad con mucho amor, con mucha unión, con la familia.

En la época que trabajé como profesora a mis estudiantes de primer grado les enseñaba el significado de la navidad, les enseñé a cantar los villancicos, hicimos un nacimiento con expresiones de peruanidad, y les mencionaba que el Nino Jesús le enviaba a cada uno un regalito. El premio más grande que recibí fue ver en sus caritas la alegría de lo que para ellos era la navidad, la fe que tenían en el Niño Jesús.

 

Es la consagración más grande en el mundo católico, esperar y adorar al niño cada 24 de diciembre y festejando su llegada el 25.

Felicidades!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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