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Celebrando la Conmemoración de la Puertorriqueñidad  

(San Juan, PR) El 19 de noviembre se conmemora la puertorriqueñidad. La efeméride festeja la llegada del almirante Cristóbal Colón a Boriquén en 1493 a bordo de la nao La Marigalante. Sin embargo, investigaciones llevadas a cabo por varios historiadores (Francisco Moscoso, Luis González Vales y el español Juan Manzano y Manzano, entre otros) indican que el primer encuentro entre los europeos con los amerindios en la isla de Boriquén ocurrió en realidad el 3 de enero de 1493.

A finales de 1492, Martín Alonso Pinzón, capitán de la carabela La Pinta, sostuvo una fuerte discusión con el almirante y en el viaje entre Cuba y La Española se alejó de las otras dos naves del primer viaje colombino, la nao Santa María, capitaneada por Colón y la carabela La Niña, comandada por su hermano, Vicente Yañez Pinzón. Martín regresó al encuentro del grupo el día 6 de enero, pero las explicaciones sobre sus gestiones durante esos días desaparecido nunca satisficieron del todo a Colón.

El almirante Colón perdió la nave capitana la Santa María en la costa norte de la actual república de Haití al encallar en un banco de arena. Con sus restos, se construyó el Fuerte Navidad. Para regresar a España, Colón necesitaba de las dos carabelas que eran propiedad de los hermanos Pinzón.  Durante la travesía de regreso a la Península Ibérica, las naves volvieron a separarse debido a una tormenta. Martín Pinzón llegó primero a España, pero los Reyes Católicos se negaron a recibirlo. El navegante falleció en el Monasterio de La Rábida el 31 de marzo de 1493 a consecuencias de la sífilis que contrajo en el Nuevo Mundo.

Colón hizo lo indecible por opacar la gesta descubridora de su antiguo socio, Martín Alonso Pinzón, pero conscientes de lo ocurrido, los Reyes Católico le otorgaron a su hermano Vicente Yañez Pinzón una capitulación para colonizar Puerto Rico, isla de la que fue nombrado corregidor.

Le correspondió a Juan Ponce de León completar la conquista y poblamiento de Boriquén. Los conquistadores se mezclaron con las aborígenes arahuacas (taínas). Lo mismo ocurrió con los africanos, especialmente los cimarrones, que formaron familias con las aborígenes. Debemos clarificar, los primeros africanos que llegaron a la Isla eran hombres libres y vinieron como conquistadores, entre ellos se distinguió Juan Garrido quien nació en el Reino del Congo y falle en México.

Las aportaciones culturales de los tres pueblos que se mezclaron en Puerto Rico, africanos, amerindios y europeos, evolucionó a lo largo de tres siglos para ya finales del siglo XVIII tener unas características propias que la transformaron en los que conocemos como identidad puertorriqueña. 

La invasión estadounidense en 1898 inició un proceso de aculturación con la intención de transformar a los boricuas en “americanos”. Los puertorriqueños se resistieron a aprender inglés y modificar su sentido identitario. Sin embargo, a lo largo de 122 años la cultura estadounidense ha salpicado a la idiosincrasia puertorriqueña aportando algunos elementos culturales. Podemos señalar como aportaciones estadounidenses la fiesta de Acción de Gracias, la figura de Santa Claus y la comida rápida.

Luego de la historia, nos toca enfrentar el presente.

La puertorriqueñidad, al igual que otras muchas identidades culturales, está en crisis. La internet, la influencia de los medios de comunicación y la globalización bombardean constantemente a todos los pueblos del planeta en un intento para establecer una cultura universal, que preserve ciertos elementos folclóricos, pero que promueva un mejor entendimiento y una mayor colaboración.

En el caso de los puertorriqueños, la mayoría reside en Estados Unidos continentales y están expuestos a una aculturación constante. Según el Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College, Nueva York, en Estados Unidos viven 5.8 millones de puertorriqueños, mientras que en Puerto Rico residen 3.1 millones.

Los puertorriqueños, junto a los mexicanos, son los grupos latinos que más preservan su identidad y exponen los símbolos nacionales de sus países, sin importar cuantas generaciones hayan sido nacidas y criadas en Estados Unidos. El Desfile Puertorriqueño de Nueva York es la fiesta étnica más grande de Estados Unidos, reuniendo anualmente un millón de personas.

Los puertorriqueños valoran su relación con Estados Unidos principalmente porque la gran mayoría tiene parientes en el continente.  Empero, desde hace veinte años se ha fortalecido el movimiento anexionista.  Esto quedó ratificado el pasado 3 de noviembre cuando un 53% de los electores que participaron en las elecciones isleñas (solo participó el 51% de los votantes) aprobaron solicitar la anexión a Estados Unidos.

La integración de Puerto Rico como estado de la Unión Americana implica la eliminación de los símbolos que representan al actual Estado Libre Asociado para ser sustituidos por los estadounidenses.

“La anexión eliminaría nuestro himno patrio, La Borinqueña. Este se convertiría en una “state song” o canción estatal porque Estados Unidos tiene un solo himno, “The Star Spangle Banner”. Los acordes de La Borinqueña enmudecerían para siempre en las Olimpiadas, los Juegos Centroamericanos, los Juegos Panamericanos. Tampoco habrá participación en certámenes de belleza, ni ninguna competencia internacional. Todo se hará a través de los equipos estadounidenses”, explica la historiadora cayeyana Aida Mendoza.

“La Monoestrellada, la bandera que con tanto orgullo lucimos y ondeamos, se convertirá en un pendón decorativo, porque Estados Unidos tiene una bandera y sus ciudadanos solo lucen y ondean a “Old Glory”. Por supuesto, los estados tienen banderas, pero estas carecen de algún significado más allá de identificar los edificios públicos”, añadió Mendoza.

El español como idioma vernáculo también se vería amenazado porque, aunque Estados Unidos no tiene un idioma oficial, el inglés es el lenguaje utilizado por sus ciudadanos para comunicarse.

¿Hasta qué grado están los puertorriqueños dispuestos a dejar de ser boricuas, perder los símbolos que los representan y convertirse en estadounidenses? Esa es la gran pregunta que deben responderse los puertorriqueños en el siglo XXI.

 

 

 

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